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Cuando hay que elegir la decisión menos mala…

Cuando hay que elegir la decisión menos mala…
septiembre 24
05:20 2015

Hace unos meses, las profesoras Begoña Urien, Amparo Osla y yo preparamos un caso para los chavales de la Universidad. Los alumnos tenían que formar parte del equipo directivo de una organización cuyos ingresos se reducían en un 60% a consecuencia de la crisis económica. Debían tomar decisiones para afrontar esa situación.

Lo interesante del caso es que se planteó como un juego de rol. Cada alumno representaba a una persona del equipo de dirección, y tenía una información diferente según su cargo en la organización. Así, el director financiero disponía de numerosos cuadros con información contable que reflejaba la realidad económica de la organización, el responsable comercial tenía datos de clientes y previsiones de ventas, el director de producción reflexionaba sobre productividad y número de trabajadores disponibles, etc.

Además, la organización era un centro especial de empleo, en el que trabajaban personas con discapacidad.

Para incorporar las tecnologías de la información, incluimos el supuesto de que uno de los miembros del equipo directivo se encontraba de viaje durante la reunión en la que se tomarían las decisiones, e interactuaría con los demás a través de WhatsApp. Tratábamos de simular una situación real, donde muchas veces se toman decisiones en entornos virtuales.

Fue curioso observar cómo los estudiantes formaban parte de la organización, se involucraban en el problema y debatían entre ellos sobre las alternativas que se les ocurrían. Como en la vida real, trataban de convencer al resto sobre su punto de vista de la situación y de la posible solución al conflicto.

En ese contexto, ¿cuál sería tu estrategia? ¿Despedir trabajadores y así cuadrar las cuentas? ¿Buscar nuevos mercados y clientes? ¿Solicitar avales al sector público? ¿Una campaña para recaudar fondos vía mecenazgo?

Más allá de hablar de la crisis, creo que éste puede ser un buen ejercicio para comprender sus consecuencias y pensar cómo actuaríamos ante esta situación.

En mi caso, me tocó hacer frente a una realidad similar a la que he descrito, y si algo aprendí de esa gestión es que las respuestas no están en los libros. Es necesario invertir mucho tiempo en hablar con las personas afectadas, porque sólo de su mano se encontrará la solución “menos mala”.

 

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