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Manuel Pimentel: “No sabemos qué mundo estamos construyendo”

Para Manuel Pimentel, exministro de Trabajo y Asuntos sociales del primer gobierno de Aznar (2000-2004), la Humanidad afronta un periodo de cambios sin precedentes y tan intensos que evidencian que ha comenzado la segunda revolución global, la de la economía digital. La primera se produjo en el Neolítico...


Manuel Pimentel: “No sabemos qué mundo estamos construyendo”
marzo 08
05:50 2017

Pimentel acudió a San Adrián, a la sede de Consebro, para participar en una jornada–coloquio organizada por dicha organización junto con APD, CaixaBank y la colaboración de la CEN, la Asociación de Empresarios de la Ribera, ‘navarracapital.es’ y la COPE. El ex ministro, actual  Of Counsel de Baker McKenzie, se reunió con ‘navarracapital.es’ en la única entrevista  que concedió durante su viaje a nuestra región.

PREGUNTA (P): Su conferencia se titulaba ‘Nueva sociedad y talento empresarial’, ¿cómo es, o será, esa nueva sociedad?
RESPUESTA (R): La historia de la Humanidad es un continuo cambio porque estamos en constante evolución, la diferencia ahora es que se aceleran mucho los cambios, mucho. Básicamente por dos causas, la globalización, que ha condicionado las políticas y que ahora puede variar según lo que decida Trump, y el segundo eje es la revolución tecnológica, que apenas ha comenzado y que ya está modificando nuestra forma de producir, de relacionarnos y divertirnos, de participar…

(P): ¿Qué características tendrá?
(R): Va a ser una sociedad más urbana, el mundo rural seguirá perdiendo peso, muy interesada por cuestiones como salud, estilo de vida, dietética, que va a consumir productos que incorporen valor añadido, producto más servicio por tanto, y en la que va a seguir creciendo exponencialmente la economía digital y las logísticas asociadas.

Una singularidad española es que vamos a tener un envejecimiento muy llamativo y un despoblamiento y una desertización de las zonas rurales muy preocupante, no somos conscientes de lo que ya está pasando en algunas áreas de España, en Navarra no tanto, pero si ves pelar las barbas de tu vecino…

(P): Dice que en esa nueva sociedad va a ser muy necesario el talento empresarial, ¿por qué?
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(R): Porque la empresa es un organismo darwiniano, tiene que adaptarse o morirá. La empresa ha hecho un gran esfuerzo de adaptación y tiene que seguir haciéndolo, no sólo en tecnología, que es una parte muy importante, sino en comprender los nuevos valores que va a tener que cubrir, la nueva gente con la que va a trabajar. Y debe saber anticipar, estar muy pendiente de los cambios porque de ahí tienen que surtir las demandas sociales.

(P): Pero los cambios son tan globales y tan rápidos que la adaptación debería ser continua, permanente. ¿Eso es posible?
(R): Bueno, si te pones en la mentalidad de que tienes que hacer un esfuerzo de adaptación ya tienes mucho camino andado. Siempre es momento para el talento, pero ahora además hace falta inteligencia, inteligencia es elegir lo adecuado para lograr tus objetivos, por dónde tiramos, qué línea abrimos… Casi va a ser más importante qué decidamos que cómo lo hagamos, por eso mi consejo es que hay que pensar muy bien las decisiones que tomemos. Y sí, hay un plazo para adaptarse, si no sería un imposible.

(P): ¿Debe adaptarse la empresa a la sociedad o es la sociedad la que cede ante las exigencias de la economía?
(R): Yo estoy convencido de que la empresa es parte de la solución y por tanto va a estar en vanguardia de la sociedad, muy activa, muy creativa, generando empleo y riqueza, va a seguir haciéndolo y, ojalá, todavía más. Pero eso que plantea es muy interesante, saber si es la industria la que cambia la sociedad o lo contrario, yo diría que ambas cambian y lo hacen muy vinculadas, ahora mismo la revolución tecnológica está haciendo un nuevo tipo de sociedad que demanda otros productos que la industria abastece. Es una relación doble.

(P): Afirma que el mundo urbano está imponiendo sus valores al rural, ¿eso es bueno?
(R): Ni bueno ni malo: es lo que está pasando. Tenemos que acercarnos al hecho sin moralina, vivimos en una sociedad cada vez más urbana y por eso se imponen unos valores urbanos que se van a trasladar a la política, porque es mayoritaria la gente que vive en las ciudades y los partidos van a ser sensibles a esos valores porque quieren que les voten, se va a trasladar al imaginario, a lo que sale en la televisión, las series, sus personajes, con la influencia que eso tiene en los modos de vida, el consumo…

Eso hace que los valores rurales estén en peligro de extinción. Al señor que vive en un 8º C de L’Hospitalet no le digas que tiene que preocuparse por el mundo rural, no lo va a hacer porque no es su prioridad, pero los que tenemos alguna responsabilidad debemos crear un discurso intelectual atractivo no sólo sobre el mantenimiento de ese patrimonio sino también sobre su función de proveedor de alimentos, que está muy desprestigiada pero es fundamental.

Con toda la física y la química que sabemos aún no hemos sido capaces de producir ni un gramo de sustancia alimenticia. Seguimos viviendo del campo, España no puede prescindir de su agricultura

(P): El problema es cómo hacer atractivo el campo para retener a su población.
(R): Claro, y sobre todo a los jóvenes. Hay que pensar por qué la gente se va, y muchos se sorprenderán al ver que no es tanto por motivos económicos como por el modelo de vida, el acceso a más y mejores servicios… son muchos valores, más cualitativos que materiales. Es cierto, hay que pensar cómo hacer que sea atractivo para la gente joven, al menos para algunos.

(P): ¿Cómo se puede saber hacia dónde vamos como sociedad en una época caracterizada por la incertidumbre?
(R): Hace tiempo entrevisté a Juan Luis Arsuaga, el científico que investiga en Atapuerca, y me dijo que, en verdad, hasta ahora la Humanidad sólo ha vivido una revolución, la del Neolítico, cuando pasamos de ser cazadores recolectores a tener agricultura, ciudad, rey, policía e impuestos, y que ahora mismo está muriendo el neolítico e inauguramos la segunda revolución, la de la economía digital.

No somos conscientes de lo que está pasando, esto durará… ¿cientos de años? No lo sabemos. El cambio empezó cuando los humanos dejamos de mercadear con energía y productos para hacerlo con información, con datos

El telégrafo fue la primera industria sin materia, sólo transmitía información, luego vinieron la radio, la televisión y con internet se ha acelerado todo de manera vertiginosa. ¿Incertidumbre? Más bien es que no sabemos qué mundo estamos construyendo, no hay precedente, tenemos delante un terreno ignoto en el que iremos perdiendo amarras con la materia para entrar en una era donde el peso de la economía dependerá cada vez más de los datos. Un cambio sin precedentes.

(P): Luego vamos a tener que acostumbrarnos a la incertidumbre, porque con esos cambios tan rápidos no habrá casi nada inamovible.
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(R): Así es, lo que vemos será otra cosa diferente dentro de unos años, pero eso ya nos ocurre si miramos como era España diez años hacia atrás. Es otra.

(P): Se muestra preocupado por el despoblamiento del mundo rural y por el envejecimiento de la población. ¿La solución puede estar en la inmigración?
(R): La política migratoria tiene muchas componentes, económica, demográfica, cultural, política, el debate es muy complejo. No podemos abrir las puertas a todo el mundo, pero tampoco cerrarlas. Es que la emigración va muy vinculada a la actividad económica, recibimos muchos emigrantes pero cuando llegó la crisis los perdimos, y ahora están empezando a regresar, tenemos que gestionar esa realidad. ¿Lo hacemos? No. Miramos para otro lado, quién se atreve a abordar ese tema tan delicado, vamos detrás de la realidad.

(P): Y usted que ha tenido un papel relevante en la política española, ¿cómo ve la situación actual con los nuevos partidos, las dificultades para formar gobierno, la cuestión catalana…?
(R): La crisis ha sido gravísima en España, con tasas de paro insufribles, ha habido un dolor brutal, y ante una situación así es normal que la sociedad responda con crispación. La crisis del 29 trajo los fascismos, los comunismos, porque la gente lo pasó mal. En ésta han aparecido los populismos y otras cosas pero la intensidad de la respuesta ha sido menor ¿por qué? Pues porque había más clase media, más educación y no tanta desigualdad como entonces.

Lo que ha pasado en España era inevitable, una sociedad que se hacía trizas y ese malestar tenía que salir por algún lado, la política lo ha canalizado en una serie de fuerzas en unos casos porque han sido muy propositivas y en otras porque se votaba a la contra: estoy cabreado y qué voto, pues contra el que está arriba y por el que más ruido hace

No es que esté especialmente preocupado, también éramos ingobernables en el XIX, vivimos donde vivíamos, vamos a seguir siendo así, Villaconejos de Arriba contra Villaconejos de Abajo, derecha contra izquierda… Mire, en esto tengo mucha ilusión pero poca esperanza.

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