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Permítame que insista

agosto 27
05:20 2015
Carlos Medrano Sola buena

Carlos Medrano Sola

Amancio Ortega acaba de alzarse al segundo lugar de la lista Forbes de las mayores fortunas del mundo. Solo por debajo de Bill Gates y por encima del inversor Warren Buffet. Nuestro paisano es un hombre que ha llegado hasta donde está gracias a su capacidad para comercializar ropa de moda. Bill Gates pasará a la historia como el hombre que creó Windows. Y Buffet por su capacidad para invertir en empresas sólidas con buenos indicadores fundamentales. En los tres casos partieron de cero. Ejemplos para emprendedores (eufemismo de empresarios) de los que se puede aprender. Antiguamente a los empresarios se les llamaba mercaderes o comerciantes. Probablemente porque se dedicaban a comprar barato en un sitio y vender caro en otro. Algo muy sencillo de entender. Ahora todo es mucho más complejo.

Como decía Oscar Wilde “lo puedo soportar todo menos la tentación”. La situación de exceso de liquidez en la economía hace que sea una tentación irresistible captar dinero fácil de ahorradores maltratados. Los que se esfuerzan por ahorrar solo han recibido en estos años intereses cercanos a cero y subidas de impuestos. Vivimos una época de represión financiera. La zombificación de la economía es la consecuencia del exceso de liquidez. Según Daniel Lacalle, nadie quiebra porque todos consiguen refinanciar sus pérdidas. Vamos de burbuja en burbuja a la espera de que la economía se recupere y el crecimiento pague la cuenta. Los que están endeudados quieren una inflación alta para desapalancarse sin esfuerzo. Pero los inversores profesionales saben que la inversión sin riesgo no existe. Poner dinero en un proyecto sin que hay sido testado por el mercado es muy arriesgado. Que la idea sea muy buena no significa gran cosa. Las ideas están sobrevaloradas. Solo los que son capaces de llevarlas a cabo valen su peso en oro.

La financiación de proyectos tiene el objetivo de conseguir capital con el que poder pagar los gastos de constitución de la empresa, la inversión y financiar el periodo que pasa hasta que no cobramos nuestros productos a los primeros clientes. Conforme van entrando las ventas, es el dinero del cliente el que financia la empresa. El beneficio, si llega, permitirá amortizar la deuda y repartir dividendos a los accionistas. Este círculo virtuoso se trunca en muchos proyectos emprendedores que buscan el camino fácil de la financiación y dejan para más adelante la búsqueda de clientes.

En nuestro país vivimos la burbuja del emprendimiento. Me preocupa el hecho de que pueda pinchar y arrastre a los amigos, familiares y locos que les avalan. Llevo cinco años asesorando a emprendedores y sigo viendo cómo muchos solo se centran en el producto/servicio y no se orientan decididamente hacia el mercado/cliente. ¿Cómo puedo convencer a los emprendedores que se dediquen a vender si les resulta mucho más fácil conseguir dinero de inversores? En estos momentos, si se es lo suficientemente tecnológico en algún sector de moda, no es difícil conseguir algún socio capitalista. Con su dinero, los emprendedores siguen desarrollando el producto, creando nuevos e investigando, que es lo que realmente les divierte. Suponen erróneamente que su capacidad para crear productos atractivos y tecnológicos les hará ricos. No pueden estar más equivocados. Sirvan de ejemplo tres casos de inventores que se quedaron a dos velas mientras otros sí se forraban con sus invenciones; Warren de la Rue, inventor de la bombilla que luego comercializó Edison, Karl Drais la bicicleta que aprovechó comercialmente Pierre Michaux o Jarry Coover que inventó el Superglue y tampoco pudo hacerse rico porque Kodak (donde trabajaba) no lo comercializó.

El emprendedor debe centrarse en un producto y lanzarse a enamorar a su cliente objetivo. ¿Qué producto? Uno que sea valorado por el cliente, que pueda consolidarse en la empresa y sea diferencial respecto a la competencia. En resumen, que tenga una ventaja competitiva sólida para lanzarlo al mercado; diseñar un modelo comercial, estructurado y sistemático, que permita crear un nuevo mercado y abrirse camino entre productos sustitutivos y complementarios. Hacerlo convenientemente requiere experiencia, recursos y tiempo.

Solo si eres capaz de servir a millones de personas puede que consigas hacerte rico. Vamos a ponernos metas alcanzables y por lo menos tratar de dar servicio a nuestro entorno más cercano y si va bien ir extendiéndonos como una mancha de aceite hasta donde podamos. Yo no soy Amancio Ortega. Amancio Ortega solo hay uno. Pero su éxito es la vocación de servicio orientada al cliente.

Carlos Medrano Sola
Es licenciado en economía
www.eldineronocaedelcielo.com

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